Cada vez es más común recibir llamadas en las que alguien dice ser del banco para avisar de algún problema con nuestra cuenta o tarjeta. Algunas son legítimas, pero muchas otras buscan engañarnos para obtener datos personales o dinero. A continuación te explico varias claves sencillas para que puedas distinguir una llamada verdadera de una falsa.
Lo primero que debes saber es que los bancos nunca te pedirán por teléfono contraseñas, códigos completos de tarjetas o claves de acceso. Si alguien lo hace, desconfía desde el primer momento. A lo sumo podrían pedirte información parcial para verificar que eres el titular, pero jamás datos sensibles completos.
Otra señal de alerta es la urgencia. Los estafadores suelen presionar diciendo que tu cuenta será bloqueada en minutos, que hay un cargo sospechoso o que debes actuar de inmediato. Este tono alarmista busca que no pienses demasiado y termines entregando información. Los bancos suelen comunicar incidencias, pero sin dramatismos y dejando tiempo para que confirmes lo que te dicen.
También debes fijarte en el número desde el que llaman. Aunque a veces pueden suplantar números reales, en muchos casos verás prefijos desconocidos o numeraciones extrañas. Si dudas, cuelga y llama tú mismo al teléfono oficial de tu banco, el que aparece en su web o en el reverso de tu tarjeta. Es la mejor forma de confirmar si la llamada era legítima.
El vocabulario y la forma de expresarse también dan pistas. Un empleado bancario suele hablar de manera clara, respetuosa y con términos concretos. En cambio, en las llamadas falsas es frecuente encontrar errores, frases poco naturales o explicaciones confusas. Si algo te suena raro, no te arriesgues.
Otra recomendación es no devolver llamadas pulsando directamente en números que te envían por SMS o correo. Siempre verifica los canales oficiales. Muchas estafas mezclan la llamada con mensajes falsos para reforzar la historia y dar apariencia de seriedad.
Por último, recuerda que cuando hay un problema real con tu cuenta, el banco lo comunica por varias vías y te permite revisar la información. No necesitas tomar decisiones en el momento ni compartir datos privados.
En resumen, desconfía si te piden datos sensibles, si hay urgencia, si el número no te cuadra o si el discurso resulta extraño. Cuando tengas dudas cuelga y contacta directamente con tu banco. Protegerse es cuestión de estar atento y no dejarse llevar por el miedo o las prisas.